Tecnología y sociedad

Robótica en el pasado: un flautista, un escritor y un pato mecánico

28/05/2013Por Andrés
Ilustración de mecanismos de relojería, una pluma y un pato mecánico en un taller de autómatas

Os hablamos de la robótica en el pasado. No hay día en el que los avances de la tecnología no nos sorprendan. Si bien últimamente hemos puesto el punto de mira en los nuevos sistemas operativos y aplicaciones del mundo de los dispositivos móviles, es momento de dar un salto de línea y centrarnos en otro campo en el que se llevan muchos más años de inversión, sorpresas y avances, me refiero a la robótica. Un campo apasionante y lleno de misterio, pues a pesar de las maravillas que hoy en día ya se han logrado, estamos como aquél que dice, todavía en pañales.

Robot humanoide en una película antigua

No sabemos lo que pueden llegar a ofrecernos los futuros modelos, pero de lo que sí estamos seguros es de que la realidad, una vez más, ha superado con creces a la ficción. No es la primera vez que la gran pantalla se adelanta con escenas del futuro que nos parecen imposibles para el presente en el que vivimos, con los robots así ha sucedido. Si miramos unos años atrás y recordamos la película de Will Smith, Yo Robot, veremos cómo esos robots, tan futuristas y repletos de misterio, sirven de inspiración, aunque sus capacidades sigan perteneciendo a la ficción.

¿Cuáles fueron los inicios de la robótica?

Llevamos unos cuantos siglos construyendo máquinas que simulasen de alguna forma la inteligencia, interacción y actividades que realiza el ser humano. Aún recuerdo como los egipcios construían brazos mecánicos en algunas de sus estatuas más representativas, o como los griegos empleaban ya sistemas hidráulicos en los monumentos de sus templos para asombrar a sus seguidores más fervientes, era una auténtica maravilla.

Entre los antecedentes de la automatización moderna destaca el telar de Joseph Marie Jacquard, desarrollado a comienzos del siglo XIX. Estaba preparado para controlar los dibujos del tejido mediante tarjetas perforadas, una auténtica revolución por aquellos tiempos. Sin embargo, el motivo por el que redacto este artículo viene de un tiempo anterior, cuando “robot” todavía se llamaba autómata…

Pero no podemos negar que antes no ocurriera nada…

Estos no fueron ni mucho menos los únicos avances de aquel siglo XIX. Sin embargo, unos cuantos años antes ya aparecieron pequeños signos con autómatas que predecían y auguraban que la robótica siempre sería un campo en el que el ser humano iba a seguir avanzando con paso firme.

El flautista de Jacques de Vaucanson

Este ingeniero francés presentó en 1738 un autómata inspirado en la figura de un pastor, capaz de tocar doce melodías con una flauta. No debe confundirse con otro de sus autómatas, que tocaba una pequeña flauta y un tambor.

Jacques de Vaucanson y su pato mecánico

Sin embargo, el flautista no fue su obra estrella, entre sus creaciones también estaba “El pato”, un autómata que bebía, movía las alas y parecía digerir alimentos y defecarlos. La digestión era una simulación: Robert-Houdin explicó en sus memorias que el alimento ingerido y el material expulsado seguían circuitos separados. A pesar de la importancia de sus creaciones, unos años más tarde Vaucanson las vendió. Cosas de la vida…

El autómata escritor de Henri Maillardet

El mecánico suizo construyó hacia 1800 un autómata capaz de realizar dibujos y escribir versos tanto en inglés como en francés. Gracias al mecanismo de levas que se le había implantado, era capaz de realizar cuatro dibujos y tres poemas: siete composiciones almacenadas mecánicamente.

Autómata escritor expuesto y abierto para mostrar su mecanismo

Mientras me informaba sobre Maillardet, he recordado que tenemos una película reciente donde precisamente se hace honor a la creación de este mecánico suizo, hablo de “Hugo”. En la imagen anterior podemos ver como la toma derecha pertenece a una escena de la película.

Cuando se dio a conocer la palabra robot

Aunque parezca extraño, el término “Robot” no se conoció hasta la llegada de una obra de teatro: “Los robots universales de Rossum”, de Karel Čapek, publicada en 1920, donde unos seres artificiales se rebelaban contra sus creadores.

Representación teatral antigua de la obra RUR con robots

Es curioso ver como por aquellos tiempos ya se comenzaba a presuponer el riesgo de una hipotética “supremacía” de las máquinas sobre el ser humano, una sensación que va creciendo a medida que vamos avanzando en este campo, tan solo tenemos que ver como en muchas películas “futuristas” se pone en evidencia.

#robótica

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