Qué bonito es ir al cine en verano

Hoy he ido al cine. Como más de uno de los que me seguís hace tiempo pensaréis, “para variar”. Ha sido una experiencia de lo más “grata”, si tenemos en cuenta estos factores:

– Es verano y los adolescentes estudiantes (la inmensa mayoría) tienen vacaciones.
– Es miércoles y es día del espectador (entrada más barata).

Pues bien, después de cenar y yendo con el tiempo suficiente, entramos en el recinto y lo primero que vemos son colas kilométricas para coger las entradas. Con paciencia estoica aguardamos nuestro turno y, por fin, podemos entrar con la película acabando de empezar.

Lo primero que nos encontramos es que en las butacas que teníamos asignadas (entradas numeradas) habían sentados 3 adolescentes, los cuales a pesar de que nos ven en la escalera comprobando nuestras entradas y mirando sus asientos, y aun a sabiendas de que no estaban sentados en su sitio no mueven sus culos hasta que se lo decimos, riéndose y diciendo algo así como “vaya, nos toca ir donde debíamos”. Por lo visto en los nuevos planes educativos ya no se enseña lógica, porque en caso contrario deberían poder imaginar que si pones tus santas posaderas en el número que NO es tuyo, lo más normal es que luego te tengas que levantar. Empezamos bien.

Posteriormente, durante el primer cuarto de película, teníamos a un grupo de niñatos (ojo que no digo niños, sino niñatos) sentados en la parte más alta de la sala, que no dejaban de hablar como si estuvieran en el bar, riendo y haciendo unos comentarios que por lo visto asumían de lo más graciosos (cuando no eran más que chorradas que lo único que provocaban era vergüenza ajena). Al final, y después de ver que ya varias personas se dirigían a ellos en tono enfadado, han decidido moderar un poco el tono (sin erradicarlo del todo, faltaría más).

Cine

Un servidor, que estaba “disfrutando” de la situación notando cómo le subía la presión arterial, empieza a notar otros placeres mundanos como los efluvios corporales “sobaqueros” de alguna de las almas que reposaban cerca. Menos mal que la chica que estaba sentada a mi lado se apiadó de mí y se sacó una puñetera hamburguesa del McDonald’s para zampársela tal cual, ya que así mató los antedichos efluvios con el suave y aromático hedor a grasa recalentada y pepinillo. En ese momento uno empieza a estar de acuerdo con los carteles que solían ponerse y que rezaban “prohibido entrar con productos alimenticios adquiridos en el exterior de este recinto”. Yo añadiría “y personas sin un mínimo sentido de la educación y respeto”, pero no vamos a ponernos quisquillosos.

No contenta con esto, una vez finalizada su cena, dicho espécimen de hembra humana se pone a chatear a través de su móvil, con la luminosidad de la pantalla a tope, de manera que parecía que dicho terminal se alimentaba de una central nuclear más que de una simple batería. Un servidor aguanta unos minutos y cuando ve que no tiene ninguna intención de dejar de realizar tal actividad, le dice que por favor baje el brillo que molesta. La chica lo hace, lo de bajar el tono lumínico digo, porque apagar el móvil ni soñarlo.

Cuando se cansa, se aferra al brazo de su paciente pareja y empieza a contarle la biblia en verso, que digo yo que debía ser eso como mínimo debido al tiempo que se pasó mascullando.

Aquí vuestro servidor ya sabía a esas alturas que era cuestión de ver la película hasta el final, que no disfrutarla ya que esto era algo imposible visto el plan. Así que me pongo a mirar a mi alrededor, preguntándome si toda esa fauna pertenece a mi misma especie o son de otro planeta: gente hablando por todos lados, otros con el móvil en la mano durante la mayor parte del metraje, más allá algunos poniendo las piernas y los pies encima de las butacas, cómo no los típicos graciosos y graciosas haciendo chillidos simulados y comentarios dignos de alguien con la inteligencia de un escarabajo pelotero.

Y es que… ¡qué bonito es ir al cine en verano!

PD: y aún dicen que las entradas son caras… qué a gusto pagaría el doble por no tener que soportar a tanto incívico aburrido que, como no tiene otra cosa que hacer, se viene al cine a joder la marrana a los demás.

PD2: sí, ya sé que este post no es de los habituales en estos últimos tiempos del blog, pero qué a gusto me he quedado al contarlo ;).


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Juanjo

Me llamo Juanjo y en un sucinto resumen se podría decir que soy un informático adicto a las series, el cine y la lectura, además de apasionado por los ordenadores, móviles, gadgets, internet, videojuegos… lo que viene a ser un geek ;).