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¿Hasta qué punto dependemos de Internet?


Se habla mucho de él pero nunca nos paramos a pensar hasta qué punto tienen razón aquellos que afirman que hoy en día vivimos dependiendo de Internet. Hace poco traté un punto relacionado con el poder que éste ejerce sobre nosotros, hablé de las consecuencias que tendría un apagón generalizado. Hoy vengo con una especie de segunda parte, no para seguir exponiendo los problemas que generaría su desaparición, pero sí para tratar aquellos que puede llegar a ocasionarnos un uso extremo.

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Ahora mismo lees este artículo, pero ¿Qué tienes pensado hacer después? ¿Te levantarás de la silla y saldrás a hacer footing, trabajar, tomar un café con alguien o pasarás directamente a comprobar tu estado en Facebook? No soy adivino ni pretendo aspirar a serlo, pero estoy convencido de que muchos optaréis por realizar la última sugerencia.

Dependencia con las redes sociales

A veces realizamos bucles infinitos donde pasamos horas y horas sin darnos cuenta, pasamos de un perfil social a un periódico, leemos una noticia y volvemos al muro para actualizarlo, después vemos en Facebook que Marca ha publicado un enlace de esos que tanto (dis)gustan: “Messi dice que le gustan las nubes “blancas”, entonces vamos corriendo a leer la noticia porque nos llama el morbo (Lo mismo sucede con moda, tecnología, corazón o cualquier otra temática), luego volvemos a Facebook y hacemos 56 me gustas seguidos en las fotos de Josefina, que se ha ido a Múnich a ver a Juan Luis, su primo. Y así, entre pitos y flautas, nos sentamos a las 10 y salimos a las 12-13 de la tarde.

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Pero la cosa no termina aquí, al levantarte de la silla coges el smartphone, el cual ya estaba en la mesa, y te lo llevas en el bolsillo, no vaya a ser que alguien hable por Whatsapp y no podamos atenderle, sería un crimen. Además, si mientras estamos en el aseo vemos una araña con el culo gordo, habrá que subirla a Facebook que para eso tenemos cámara HD, para que se enteren todos.

Algunos diréis que me he vuelto tonto, que eso no lo habéis hecho nunca, otros estarán con una risa floja porque habré resumido su día a día. Sea como sea, estoy seguro que con un gran porcentaje de lectores acertaré, lo dice un servidor que se pasa las horas delante del ordenador sin más remedio que tener las redes sociales abiertas permanentemente y ve muchas cosas, algunas hasta llegan a dar miedo.

Es que trabajo con un ordenador delante e Internet lo necesito¿Desde cuándo se considera justificable que una administrativa/o-dependienta/e, etc. haga 34 me gustas, comparta 12 fotos y realice 56 comentarios durante su jornada laboral? Igual me he perdido alguna nueva normativa o desconozco las funciones de alguien que trabaja con un ordenador delante, pero juraría que todo eso es simplemente una muestra de aburrimiento y un claro síntoma de dependencia de Internet. Admitámoslo, no podemos pasar sin él mucho tiempo.

Genera más compradores compulsivos

A pesar de que en este punto algunos todavía se muestran reacios a comprar por internet, ya son muchos los que han dado el paso, y ahora directamente compran todo desde la pantalla de su ordenador. Es cierto que la red abre las puertas al mercado internacional, ahora ya puedes traerte cualquier cosa desde cualquier parte. Es mucho más cómodo, entras, te registras, compras y en unos días tu pedido estará en casa. Vamos, es justo lo que no deberían conocer aquellos que ya han sido catalogados como “compradores compulsivos en la vida real”.

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Todos los extremos son malos y las adicciones también. Hay gente que no puede quedarse quietecita durante un día sin revisar todos los portales de videojuegos, moda y complementos, etc. habidos y por haber en busca de nuevas tentaciones. Es tan sencillo llegar y pagar que muchos no pueden resistirse. Antes había que vestirse y salir a la calle a recorrerse todas las calles en busca de aquello que nos gustara, ahora con internet a nuestros pies ya no es necesario ni movernos del sillón. Con el paso de los años, nuestra salud seguro que nos agradecerá tanta vagancia y comodidad.

Desde que llegó Whatsapp…

Cuando quería quedar con los amigos, llamaba a su casa o les enviaba un sms al móvil (si tenían). Llegado el momento, nos juntábamos y hablábamos de mil y una cosas, cuando se acababan los temas nos íbamos a casa o inventábamos alguna trastada nueva, que para eso éramos jóvenes y libres. Ahora, vas por la calle y sinceramente, da pena. Vas riéndote porque la trayectoria que lleva esa persona “enganchada al teléfono” es más que probable que termine como un choque frontal contra una farola. ¿Quién la habrá puesto ahí en medio?

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La tecnología por suerte avanza, y estos sistemas de mensajería instantánea como Whatsapp o Line son muy útiles si sabemos utilizarlos con moderación. Ya no hace falta enviar sms ni llamar a casa, también es raro que te quedes colgado en el cine sin una explicación, pero también hay quienes abusan de él.

Solo tenemos que mirar a nuestro alrededor y comprobar que las conversaciones entre amigos han menguado considerablemente, pues habrás podido observar como sentados en una mesa, disfrutando de una cervecita y el tímido sol que aún brilla en el horizonte, permanecéis con la mirada agachada y pendiente del móvil. Las conversaciones se interrumpen constantemente y a veces reina un silencio que llega a dar miedo. Lo mismo sucede en el coche y cualquier medio de transporte, todos con el móvil enganchado y hablando con otros menos con el conductor, que aunque le de apuro decirlo, debéis saber que se aburre un montón.

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¿Te consideras un enganchado de Internet? ¿Serías capaz de renunciar a él durante una temporada?

Acerca del autor Ver todos los posts

Andrés

Ingeniero informático en formación. Desde que nací con un ordenador bajo el brazo, consumo tecnología casi a diario. Me gusta escribir sobre aquello que merece la pena y me declaro fan incondicional del social media y la redacción.