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Razones por las que Telegram es mucho mejor que WhatsApp (parte 2)

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Después de mucho más tiempo del previsto, aquí os traigo la segunda parte del artículo sobre las razones por las que Telegram le da mil patadas a WhatsApp. Podéis ver la primera parte aquí, recomiendo su lectura antes de seguir con este artículo.

6.- Canales

Últimamente se han puesto de moda los canales de Telegram, una característica que en WhatsApp ni está, ni se le espera. Para quien no lo sepa o no esté en uno, un canal es básicamente un grupo en el que solo pueden escribir los administradores y el resto de los miembros ven esos mensajes. Normalmente se usan para difundir contenido de todo tipo. Así pues, puedes unirte a canales de temas que te interesen (los hay de temáticas muy diversas), algo así como las páginas de Facebook pero sin poder comentar.

Puedes unirte a un canal usando su enlace directo (con el formato http://telegram.me/xxxxxxxx, donde las X serían el nombre del canal, o @xxxxxxxxx). Por ejemplo, un canal en el que un servidor participa como administrador y que os recomiendo seguir es el de la web Chollomanía (los mejores chollos, ofertas y descuentos de la red), al cual podéis acceder a través de http://telegram.me/chollomania o buscando el usuario @chollomania en el mismo Telegram:

canal chollomania telegram

Puedes descubrir multitud de canales interesantes visitando @canalestelegram, un directorio de los más completos actualmente donde los podrás encontrar divididos en temáticas.

7.- Stickers

Esta es una de las características que todavía a día de hoy no sé cómo no la ha copiado WhatsApp (como sí ha hecho con muchas otras). Los stickers son unas “pegatinas” (o muñequitos) que podemos usar en vez de los clásicos Emoji a los que estamos acostumbrados, dando una versatilidad a las conversaciones que sólo se puede entender una vez empiezas a usarlos. De hecho yo mismo era reacio al principio, me parecían una soberana tontería, y sin embargo una vez te haces con algunos sets de stickers que te gusten, ya no puedes vivir sin ellos.

Existe una cantidad ingente de stickers que podemos usar en Telegram, dado que además de los pocos oficiales hay un mundo aparte donde creadores amateurs hacen sets de los más vistosos y completos (y de diversas temáticas, desde Naruto hasta Star Wars, pasando por los más famosos memes y, cómo no, algunos más… “calientes”).

Aquí os dejo un vídeo donde lo podréis ver y entender mucho mejor que con palabras:

Como casi todo en Telegram, los stickers también se sincronizan entre dispositivos. Así pues, si por ejemplo agregamos un set de stickers en nuestro móvil, después también lo tendremos disponible en nuestra aplicación de PC y/o tablet.

Un consejo: ahora que te hemos explicado lo que son los canales, te aconsejo que te suscribas también a @stickerschannel, un canal donde se van publicando sets de stickers de todo tipo, credo y condición que podrás añadir a tu colección con apenas un par de clics.

8.- Archivos de todo tipo y tamaño

Poco que desarrollar aquí. Aunque me parece haber leído que WhatsApp va a permitir el envío de documentos en breve y dejar de limitarse a fotos, vídeos y poco más (otra cosa más que copiarán), en Telegram desde hace mucho podemos enviar cualquier tipo de archivo a nuestros contactos y, además, de tamaño muy superior a WhatsApp (1,5 gigas contra 16 megas… una ingente diferencia). Indudable la ventaja que esto supone en comparación. Leer más

Razones por las que Telegram es mucho mejor que WhatsApp (parte 1)

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En la cruenta guerra de los mensajeros, hay dos contendientes que se llevan todas las miradas: Telegram y WhatsApp. He sido durante mucho tiempo reacio a escribir un artículo sobre esto (aunque le tenía ganas) porque ya se han publicado un montón (y casi siempre con la misma conclusión), pero en esto que viene el puente de Diciembre, te ves con tiempo y te da por sacar a pasear al blogger que llevas dentro (qué bonito me ha quedado).

Vaya por delante que desde hace mucho tiempo soy un férreo defensor de Telegram y tengo la enorme suerte de que la inmensa mayoría de gente con la que me escribo a menudo está allí. No soy el único que piensa así (sólo hay que hacer una búsqueda para ver que casi el 100% coincide conmigo), pero como prácticamente todos los pro-Telegram no puedo prescindir del fastidioso WhatsApp (entre otras cosas por temas laborales). De hecho, me atrevo a afirmar que no hay NADA en WhatsApp que sea mejor o exclusivo (a nivel técnico o de usabilidad), salvo si contamos la función de llamadas… que nadie que conozca usa porque suelen funcionar bastante mal. Pero como todo en esta vida, que algo sea lo mejor no implica de por sí que la gente lo use ya que los factores de comodidad y desconocimiento tienen un papel muy importante. Espero que este post sirva para erosionar al menos el segundo factor.

En un principio, este post estaba pensado para ser único y no dividido en partes, pero al ver que llevaba más de 2200 palabras y todavía me quedaba mucho por decir he pensado que casi mejor lo hacemos en 2 (o más) publicaciones. Sin más preámbulos, estas son mis:

Razones por las que Telegram le da mil patadas a WhatsApp (parte 1)

1.- Telegram es gratis y lo seguirá siendo

Cuando WhatsApp reinaba en el mundo de la mensajería de manera absoluta, tuve muchas conversaciones acerca del hecho de que se convirtiera en un programa de pago. Yo defendía la postura de que cobraran por el servicio (en aquel entonces no había sido comprado por Facebook), ya que, por un lado, mantener la infraestructura del programa y servidores debía resultar un monto bastante considerable y, por otro, desde mi punto de vista los creadores del programa que aniquiló los ingresos de las operadoras en el campo de la estafa de los SMS se merecen todo el apoyo posible. Como me gusta cumplir con mis principios, la primera suscripción que hice en WhatsApp fue de 5 años, aún y cuando soy plenamente consciente de que 5 años en el mundo de la tecnología es muchísimo. Mucha gente me llamaba poco menos que loco cuando lo contaba, pero si hubiera podido pagar 10 años lo hubiera hecho, ya que en cualquier caso el ahorro en mensajes de texto convencionales superaba con creces dicho pago. Leer más

Consejos para protegernos en las redes sociales

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Las redes sociales son los espacios web ideales para compartir con nuestros conocidos toda clase de información acerca de nuestras vidas, como gustos, aficiones, preferencias o incluso datos personales o actividades del día a día. Hay veces en las que no nos damos cuenta pero, a medida que la red social se hace conocida, van apareciendo personas que, por un motivo u otro, se convierten en auténticos peligros: hablo de hackers, spammers o creadores de virus.

Todos estos perfiles se aprovechan de las vulnerabilidades de la red social o de la información que compartimos para poder perjudicarnos de alguna forma, bien sea impidiendo nuestro acceso, vendiendo nuestros datos a terceros o incluso manipularlos con el fin de obtener algún tipo de beneficio. Por estas razones y por otras muchas, es fundamental que sigamos ciertos consejos de seguridad y prevención para evitar que éstos se aprovechen de nosotros mientras utilizamos redes sociales como Facebook o Twitter, entre otras.

Los enlaces

Hay ocasiones en las que algún conocido ha accedido a alguna aplicación o plataforma con la que ha permitido que ésta misma tenga acceso y poder para poder publicar en su nombre. Si bien es cierto que en la mayoría de las ocasiones solo lo hacen con fines comerciales, hay otras tantas que esconden una segunda intención: la de enviar contenido malicioso a través de enlaces, donde el usuario hace clic y es redirigido a una página o aplicación que le puede causar más de un problema.

Es importantísimo que nos mantengamos alerta ante cualquier vínculo que recibamos en nuestros perfiles por parte de nuestros contactos. Se les ha de tratar con la misma precaución que aquellos que se envían desde el correo electrónico. Leer más

Las redes sociales y la soledad

Redes sociales y soledad

Acto 1: despertar

Suena la alarma del móvil que descansa sobre la mesita de noche, al lado de la cama. Son las 7:00 horas de la mañana de un día cualquiera… La primera acción antes de salir de entre las sábanas, una vez entreabiertos los ojos y desconectada la alarma, es comprobar si alguna ave nocturna nos ha enviado algo al Whatsapp o al Telegram. Una vez hecha la comprobación y de contestar a algún que otro mensaje recibido, estamos listos para saltar de la cama y ponernos en funcionamiento.  Posiblemente, antes de empezar nuestra jornada laboral, hayamos mirado nuestro Facebook, poniéndonos al día de los acontecimientos de nuestros “amigos” virtuales, señalando algún que otro “me gusta” a determinados post que nos hayan parecido interesantes y actualizando nuestro estado para que todos sepan que ya estamos conectados. Quizá, ese día vayamos con tiempo y todavía tengamos ocasión de subir alguna foto de nuestro estupendo desayuno a Instagram. Y, cómo no, de leer los últimos tuits y compartir alguno de ellos antes de empezar con nuestras obligaciones cotidianas… ¿Os resulta familiar?

Acto 2: mañana escolar

Son las 8:00 de la mañana. Empieza la jornada laboral. Una clase cualquiera de un instituto de secundaria lleno de adolescentes con  los móviles en la mano mandando los últimos whatsapps antes de que la profesora entre en clase… evidentemente, el uso de dispositivos móviles en el centro durante el horario lectivo está prohibido. Y los alumnos lo saben. Una vez conseguido el hito de que los alumnos dejen el móvil en sus mochilas, la profesora se dispone a impartir la clase. En mitad de la misma, suenan varias notificaciones en un terminal que alguno de los alumnos ha olvidado desconectar. La ansiedad por comprobar esos mensajes se hace patente en dicho alumno, que no puede contenerse y se lanza a por el teléfono sin dilación, sin pensar en qué lugar se encuentra en ese momento. Superada la situación, la profesora comprueba  con cierto fastidio que, mientras se está proyectando un interesante documental, varios de los alumnos están chateando con sus móviles sin prestar atención a lo que se dice en él. Se requisan los móviles ante las miradas de disgusto y las palabras desairadas de sus dueños y se continúa adelante. Suena el timbre anunciando el fin de la clase e inmediatamente y de manera veloz, los alumnos se abalanzan sobre sus móviles para comprobar si en los últimos 50 minutos que han estado desconectados, ha sucedido algo que ellos se hayan podido perder por estar offline… Y esto se repite a lo largo de toda la mañana de todos los días del curso escolar.

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Acto 3: quedar con amigos

Hoy día es habitual encontrarse en las terrazas, bares, parques… grupos de personas, jóvenes y adultos de mediana edad, sentados en una mesa, sin hablarse ni mirarse entre sí  y pendientes de la pantalla del dispositivo móvil que cada cual sostiene en sus manos, un comportamiento que desvirtúa lo que debería ser una interrelación humana saludable y que ha puesto en guardia a sociólogos, psicólogos y psiquiatras por el peligro que entraña tanto para la salud mental individual como colectiva. Por eso, no es infrecuente encontrar grupos de amigos que se reúnen para cenar,  que acuerdan depositar los móviles en algún tipo de recipiente con la condición de que, el primero que mire su celular, sea el que pague la cena, copas o lo que sea. Todo con tal de evitar la tentación de prestar más atención al móvil que a las personas con  las que se comparte unas horas de ocio y tiempo libre. Leer más

La última anécdota con un buitre carroñero de Wallapop

wallapop-App

Hace unos días publiqué un post, titulado Wallapop: opinión y experiencias tras unas semanas de uso. El salvaje oeste. En él os contaba mis aventuras y desventuras en Wallapop después de unas semanas de uso de dicha app y, además, os narraba las diferentes especies que os vais a encontrar si os decidís a usarla, con el ánimo de que no os pillara tan desprevenidos como a mí. Pues bien, aunque no tenía idea de volver a tocar el tema a tiempo vista, hace nada me ha ocurrido una anécdota que bien se merece ser contada como complemento al artículo original.

Todo empezó con la publicación, hace unos pocos días, de un anuncio en el que vendía un LG G3 dorado, nuevo a estrenar (precintado), con su factura para la garantía. El precio que establecí para él fue de 340 euros, a sabiendas de que pronto aparecerían los típicos buitres en busca de carroña y por tanto con el ánimo dispuesto a hacer un pequeño descuento si se presentaba algún “rebajador compulsivo”. Para curarme en salud, incluí un mensaje en el anuncio diciendo que como el precio ya era excelente, se abstuvieran de hacerme ofertas absurdas. Como era de esperar, el desarrollado olfato de estas alimañas no tardó en manifestarse y mantengo la siguiente conversación con un usuario:

Wallapop

Aquí, el usuario en cuestión me hace una “estupenda” oferta de 220 euros, casi nada. Pero el colmo del asunto es que, además de sacar su alma buitrera más absoluta, todavía tiene el morro de decirme que en Amazon estaba más barato (318 euros). En este punto, tenemos que tener en cuenta estos dos factores: Leer más